Un velo y flores amarillas

Me escondo en las palabras que se silencian como un grito ahogado, me tiembla el miedo me tiemblan las ausencias.

Presencias todos los silencios en los que no te nombró, espero sin saber a que se deben estás ansias, este anhelo que poco a poco se va tomando mi memoria, que poco a poco se acuerda más de vos y un poco menos de mi, las pastillas piden volver a su lugar, el cuerpo habla y ya no lo puedo acallar ya no quiere hacerse esperar. Nos alejamos de la vida y sabíamos que no íbamos a volver aún con el “no te vayas” que pronuncie en aquella despedida, con el “nunca me fui vos nunca supiste llegar” que soltaste sin titubear y con los ojos abrumados asistí a nuestro entierro.

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