Me cortaste el alma

El amor es una decisión escuché por ahí, el desamor también lo es. Te sentabas a observar mis demonios nocturnos intentando acercarme a tu mundo pero nunca entendiste que dos penas vagando son polos opuestos que se alimentan del daño del otro y en esta resurrección más allá del daño aún puedo ver algo de ese amor que tanto hablabas. Te cortaron el alma me dijo ayer una anciana y tu imágen se evoco en mí cabeza porque cortar y vos siempre fueron sinónimos, porque te llenas de daño, y afilando tus defensas siempre supiste dónde rasgar la piel. Clavaste hasta lo más profundo hasta que cumpliste con tu promesa del desamor hasta que tarde y ya muerta y vagando quedó solo un alma en pena por la tierra, una que aún acude a tu nombre cuando le escucha, que vuelve a la cama cansada de transitarte en el cuerpo, que en las noches tus poemas son agobios de tiempos pasados que reclaman algo que nunca pudo ser a pesar de haber sido tanto, a pesar de que ya no seas, ni seamos, aunque creas que nunca fuimos, siempre habrá un seremos bailando por mis sueños. Aunque ya no seamos las mismas y olvidando nuestro idioma hayas aprendido a hablar otras lenguas.

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Volver a ser

Desarraigada de mi vida, apegada a lo estático, enclaustrada en el miedo, naturalizando un vacío preexistente que nunca deja de existir, disminuyendo mis pasos y acelerando la mente fui olvidando aquello que alguna vez supo llenarme, fui despegandome de mi cayendo en una incomunicación conmigo misma, donde el espejo se convirtió en un reflejo de rutinas vacías, un rostro en blanco y negro carente de paciencia, colmada de estrés hasta que de repente, un día, un vídeo, un libro, una mirada que te sonríe, una palabra, una carcajada te desentona y notas como tu sombra se esconde de vos porque algo surge, algo vuelve a nacer, algo vuelve a hacerse escuchar y son esa ganas de hacer lo que llena, de dejar libre al miedo, dejarme ser.

Y es en esta incomunicación que me conecto al pasado, a la que era, a esa persona que olvidé, aquella que quería hacer de todo en su vida, entonces algo vuelve a encajar y ya no importa una mala nota, ya no importa un exceso de pastilla, ya no importa el sueño, el insomnio si al fin y al cabo siempre podré resguardarme en la tinta y colorearla a mí gusto.

Un velo y flores amarillas

Me escondo en las palabras que se silencian como un grito ahogado, me tiembla el miedo me tiemblan las ausencias.

Presencias todos los silencios en los que no te nombró, espero sin saber a que se deben estás ansias, este anhelo que poco a poco se va tomando mi memoria, que poco a poco se acuerda más de vos y un poco menos de mi, las pastillas piden volver a su lugar, el cuerpo habla y ya no lo puedo acallar ya no quiere hacerse esperar. Nos alejamos de la vida y sabíamos que no íbamos a volver aún con el “no te vayas” que pronuncie en aquella despedida, con el “nunca me fui vos nunca supiste llegar” que soltaste sin titubear y con los ojos abrumados asistí a nuestro entierro.

No hay amor que resista

Miro tu foto y sonrió, le sigue un suspiro lento y nostálgico, nauseabundo que me deja casi sin aire, al recordar tu ausencia palpitante en mi almohada, creo, creo que aun puedo llamarle amor es todo lo que la distancia me ha enseñado, no hay olvido que resista no hay amor como el tuyo que no mate.

hace mucho que no puedo escribir y es que comencé a temerle a las palabras a todo lo que tienen para contar, y el saber cuánto te extrañan y es que siempre acabo por escribir sobre vos, ¡maldito inconsciente!, ya sabes cómo me gusta culpar al inconsciente, dejar mis verdades ocultas pero todo es en vano, no hay olvido ni recuerdo que por más inconsciente que este no sangre en la piel, no hay amor más prófugo como el intento de escapar de tus recuerdos, cada día una nueva derrota o tal vez victoria, quien sabe lo que el tiempo dirá, solo sé que en el presente aun dueles pero no te preocupes, ya no tanto, aprendí a convivir con mis errores a lidiar con tu ausencia y tratar con mi presencia, es la única que aún no me abandona y de a poco vamos haciendo las pases, empiezo a comprender esta nostalgia en el espejo, estos ojos agrietados que aún recuerdan tu nombre y sueñan con fantasmas.

Comienzo a deshacerme de los amores fugaces que atentan contra mi paz, ya no busco delirios en otras pieles ni sanar mi dolor en otros cuerpos que nunca podre amar, ya no corro, ni huyo de lo que no soporto, aprendí a quedarme, a aguantar, soportar, comprender y liberarme, y es que solo quien logra comprender aquello que más daño hace a solo pasos de ser libre estará, y no, aún no he aprendido a deshacerme de las cadenas que me atan a vos, pero he logrado lidiar con ellas y juro que a veces no aprietan tanto y olvido que están. Pero entonces un recuerdo tuyo aparece, las ganas de cruzarte de casualidad, tu perfume de repente me invade, entonces, un rostro que se parece a vos se cruza por mis ojos, o tus padres, o tus amigas, o tu peluche al costado de mi espejo, y solo entonces, aparece tu ausencia recordándome cuán lejos estas y una simple foto me vuelve a hacer sonreír tontamente y volves a doler.

Ausencias

Hay una ausencia

que camina por la casa

cómo un fantasma,

cómo el eco de los recuerdos del ayer

 

he mirado a la izquierda

y las horas ya no estaban

en su lugar

ni estabas tú a la derecha,

 

he tenido qué mirar de frente

y cambiar la dirección de mi mirada

para lograr encontrarte

y lo he conseguido.

 

Pero he encontrado 

un cuerpo agrietado

y encorvado por los años,

 

me he topado 

con la ausencia de tu sonrisa

y la comida que se enfría

 

y me rehusó a seguir 

mirándote 

de esta forma

tan egoísta mia,

 

de no tenerte

donde quiero que estés

donde tus quejas ya no retumban en mis oidos

ni tus pies se acoplan a los míos,

 

pero solo me basta el saber que estas

para sentirme que soy.

 

 

A ti que te has olvidado

Voy con la parvada

y ya no puedo bajar el vuelo,

 

volví a hablarle al espejo

pero este ya no lleva tu nombre

 

y mi presente

está tan lleno de ausencias

que ya aprendí

a nunca quedarme

por demasiado tiempo,

 

que los relojes son peligrosos

si las agujas están en tu contra,

y una herida a sangre abierta

puede llegar a ser mortal

si alguien la toca,

 

pero aún así

y con todo en mi contra

 

He aprendido a no conformarme,

que uno más uno a veces no suma

y que es mejor restar

que reclamar aquello que no saben dar,

Las palabras se quedan mudas en mi boca

 

Y es que prefiero bajar la careta,

plantar mi bandera

y crear mi derrota,

 

prefiero verme verdad en mis ojos

que ser mentira en ajenos.

Ausencias en un presente latente

Este abismo ensordecedor

Que no sabe de palabras

Que es inmune a los años,

 

Que me ata a la ausencia

Que no sabe de victorias,

Que me enreda al pasado

 

Este silencio ensordecedor,

Que  no sabe de olvidos

Ni de futuros, ni presentes

 

Y entonces,

Solo basta un ruido

Un grito

Algo que no cierra,

La insensata sabiduría

De saberme torpe,

La eterna claridad

De la incertidumbre,

 

El trance que nunca

Deja de ser trance,

La desazón

De verme en ella

Y la inquietud

De saberme eterna

En la intranquilidad

Que nunca cesa.

 

 

 

 

 

 

 

A ti

A ti que no te he encontrado

 

Dejare que sucedas

Dejare de buscarte entre bares

En el fondo de la copa

En la última lágrima de vino,

 

En la finitud que nos separa

Dejare de buscarte 

Entre huecos vacios

De calles desiertas

 

Está misma tinta que te traza,

Ese mismo cuadro que te desfigura

Esa misma senda

Que nunca cruzas

 

Dejare que te mezclas con la gente

Y entre destellos,

Volverás a suceder

Y ya no serás una mas

 

Ni formarás parte de la lista de deseos

En la que hoy te nombró,

Y solo una sonrisa bastará

Para saberme verdad ante tus ojos.

 

 

 

 

Infinita

Pude verme infinita

Ante tus ojos

Sucederme una y otra vez,

 

Plasmar mis miedos

En tus brazos

Opacar mi llanto

 

Querernos de a ratos

Cuando ibas y venías

Cuando la huida,

Era nuestra llegada

 

Cuando nos encontrábamos

Antes de amarnos

Y la salida

Nuestro punto de partida,

 

Vi a la lluvia

Caer de rodillas

A la noche

Rendirse ante tu piel,

A un pájaro silbar 

Al son de tus labios

Llorar como si me quisieras

 

y aún así,

 

La despedida

Fue el ajeno aleteo

Que siempre

Supo encontrarnos,

La amarga certidumbre

De sabernos

Aún queriendote

 

La amarga sensación de mirar al sol

Y no encontrarte alli.